Templos de Angkor

He vuelto a casa a través de la televisión camboyana. La primera noche en el hotel descubrimos que entre los noventa canales que había, estaba el canal internacional de Televisión Española. ¡Y qué momentazo al darnos cuenta de que el programa que estaban echando era nada más y nada menos que Días de Cine! Un poco extraño y con menos personalidad ahora que no presenta Gasset. Me mantuvo despierto horas (aquí está la razón por la que no fuimos a los templos el primer día), y al amanecer tardío, volví a encender la caja mágica por intriga, para volver a ver programas en español, ¡y justo empieza un programa dedicado a Asturias! Ahí fui realmente feliz. Por si fuera poco, casi al final del programa, en un reportaje al que ya no le estaba prestando mucha atención, ¡veo a David el novio de mi prima Gadea! Póker y repóker de coincidencias e ilusión durante esa mañana. El resto del día, obviamente, no pudo llegar a la misma altura.

Nos costó dos días acostumbrarnos a Camboya, y al tercero ya pudimos ir a los Templos de Angkor. Si suena a excusa, lo es, porque realmente lo que pasó es que nos quedamos muy a gusto con el ventilador, todo lo más que hicimos fue dar una vuelta por Siem Reap y salir a cenar con Matt y Heather.
Tarde o no demasiado pronto, al tercer día alquilamos una bicicleta y nos pusimos en marcha. No sabemos cuál es la distancia hasta los templos, pero de sobra para llegar bien cansados; en unos lugares indica doce kilómetros, en otros nueve… Eso para dos señores como nosotros, que venimos de pasar tres semanas el que menos y mes y medio el que más, tirados en la playa sin hacer nada y dejando a nuestros músculos fundirse con la grasa, es un buena distancia.

Angkor, la ciudad perdida, fue en su día la capital del imperio Khmer, albergando un millón de personas mientras en otras ciudades europeas como Londres rondaban los cincuenta mil habitantes. Una basta extensión (kilómetros y kilómetros) de la que hoy en día perduran únicamente algunos (alrededor de cien) de sus templos; todas las casas, palacios y demás edificios estaban construidos de madera a diferencia de los templos, ya que los dioses son los únicos que tienen derecho a morar en estructuras de piedra, y obviamente no queda ni el rastro.
Su joya de la corona más renombrada y fotografiada es Angkor Wat, la construcción religiosa más grande del mundo. Muchos de sus templos aún continúan desprotegidos de las imperiosas fuerzas de la naturaleza, comiéndoselos literalmente, otros perduran mejor gracias a la labor de deforestación y reconstrucción que llevaron a cabo los primeros franceses a principios del siglo veinte.

Montando en bicicletas de paseo llegamos el primer día, sin mapa ni mucha idea de hacia donde tirar, así que nos dejamos llevar por lo poco que yo me había leído antes y que por entonces ya era información dispersada por mi mente. Fue un día corto, llegamos allí por la tarde incapaces de levantarnos a las cinco de la mañana y a la vez huyendo del sol de mediodía, capaz de freír huevos en una piedra, sin exageraciones. Hay muchos templos en Angkor, pequeñitos, no tan pequeños, decentes y a lo grande. Es imposible, y seguramente un soberano aburrimiento al final, verlos todos, así que nos sacamos un pase por tres días, lo consideramos suficiente y sin duda acertamos. De ese primer día el que más destaca es Ta Prohm, famoso entre otras cosas por servir de escenario para una de las películas de Tomb Raider. El rey de turno que gobernase en la época mandó construirlo en honor de su madre, un monasterio budista que controlaba según dicen tres mil pueblos que se asentaban en sus alrededores dentro de lo que se denominaba la ciudad de Angkor, lo que no sé es de cuantos habitantes era cada uno… El aspecto más laureado de Ta Prohm no es la arquitectura en sí, si no la fusión de esta con la jungla que lo rodea. Muros devorados por metros de raíces, escaleras rotas, cúpulas hundidas, puertas franqueadas… en alguna de las guías leí que este templo ofrece una poética representación, de cómo el hombre invade la naturaleza, y ésta termina volviendo a conquistar su territorio. Los árboles que empezaron a crecer en las cúpulas alcanzan ya alturas de vértigo, imposibles de recoger en fotos muchas veces, y esa metáfora sobre el control que la naturaleza ejerce sobre su territorio está en Ta Prohm representada vivamente. Personalmente, es el mejor de todos los templos que visitamos en estos tres días, aunque en una segunda visita nos lo encontramos abarrotado de gente y ahí perdió mucho de su encanto. No es nada difícil imaginarte a Indiana Jones corriendo por sus pasadizos y saltando de raíz en raíz enganchándose con el látigo en las agujereadas cúpulas. Jungla y templos a medio camino (regresivo o progresivo, esa es la cuestión) en el proceso de fusión. Una maravilla.


El siguiente templo de renombre que pudimos ver ya fue al día siguiente por la mañana, bien temprano. Nos levantamos a las cinco y media y de nuevo en la bici, que por entonces ya nos había curtido bien el culo de agujetas, nos pusimos a pedalear como cosacos. La primera visita del día era el famosísimo y laureadísimo Angkor Wat, construcción (que no edificio) religiosa más grande del mundo –aquí tengo un poco de lío, porque no sé qué medidas utilizan para comprobarlo, si en superficie, volumen… El caso es que yo me sentí decepcionado. Culpa de la saturación de elogios y adjetivos que se usan siempre para hablar de Angkor Wat, la imagen más famosa de lo que es el conjunto de todos los Templos de Angkor.


Como era bien temprano pudimos tirar fotos sin mucha gente alrededor, el mismo lugar a las doce del mediodía debe de ser un hormiguero en ebullición, horror. Fue un poco decepcionante, después de leer en las guías la enormidad y lo impresionante de la estructura, nos encontramos con un recinto amurallado del que en su patio más interior se elevan las cinco torres abovedadas que se han convertido prácticamente en el orgullo de la nación. Y tampoco me pareció algo tan remarcable, supongo que será porque no lo ubiqué y traté de analizar en relación al siglo en el que se construyó, o porque iba habiendo dormido tres horas y sin desayunar. La torre central mide cincuenta y cinco metros, supuestamente  una visión que provoca vértigo y asombro cuando te ves allí, a sus pies, pero nunca llego a ocurrirme. Todo el tiempo le iba diciendo a Pato que eso no era más que la primera parte del templo y que lo bueno, lo grande, aún estaba por llegar; cuando llegamos al final de la muralla y vimos que ahí se acababa todo, fue cuando me di cuenta de que no había sabido encontrarle la magia a Angkor Wat. Una pena.


Al terminar con Angkor Wat estábamos ya tremendamente cansados, no pudimos hacer otra cosa que salir y sentarnos en el suelo en una zona llena de tiendas y gente tirándose a tu yugular para que le compres a él o ella la botella de agua. A los cinco minutos de estar allí sentados ya dejaron de darnos la brasa y pudimos contemplar desde dentro cómo funciona el día de una persona que se dedica a vender camisetas o agua fría a los turistas. Por una parte están los tenderos, que tienen su estructura atechada, normalmente con un plástico, y en ella venden agua fresca, camisetas, postales, llaveros, flautas, pañuelos, dibujos… el mismo tipo de souvenir siempre, en cada tienda, nadie ofrece nada distinto y de ahí que cuando ven a un turista hayan de salir como tiros a intentar que compre en su tienda y no en la de al lado que tiene exactamente lo mismo. No son la clase social más baja del país, están a un nivel medio, se les puede ver con el móvil por ejemplo, bien vestidos… Luego están los niños que más que vender piden y ruegan porque les compres algo de lo que cargan encima. Todo el mundo siente más compasión cuando viene a ofrecerle postales un niño descalzo que un chaval de veinte años, así que están por todas partes ofreciendo postales, pulseras, flautas o lo que sea que su “jefe” le haya puesto debajo del brazo ese día. A quien llega a un sitio como éste por primera vez y se encuentra con estos niños, se le romperá el corazón de pena y les comprará de vez en cuando diez postales por un dólar o cinco pulseras de bolas aunque no las necesite para nada. Pero al menos yo no me siento a gusto comprándoles, sabiendo que probablemente estén allí porque una persona mayor decide explotarles y mandarles a vender todo el día aprovechándose de su inocencia; son niños que no van a la escuela por estar allí trabajando, y si les compras estás incentivando el negocio y cada vez más niños no irán a la escuela o serán sacados de ella por sus padres para mandarlos a dar pena a los turistas y llevar dólares a su casa. Es uno de los dilemas que siempre te va a surgir en este tipo de países, y hay que acostumbrarse a hacer de tripas corazón y decirles dos y tres mil veces que no quieres nada. Como si fuesen máquinas de vender, puedes encontrarte con niños de cinco años que pueden desenvolverse a la hora de venderte sus cosas en cinco, siete, diez idiomas, que además se saben las capitales de muchos países para que al decirlo se granjeen la simpatía del turista de turno que se queda asombrado de que ese niño de cinco años, sucio, descalzo y delgado, pueda hablarle en su propio idioma y que además sepa el nombre de ciudades de su país, por ejemplo. Y acaba cayendo en la red y comprándole postales, así que el niño seguirá haciendo el mismo trabajo durante años, cada día desde que amanece hasta que se hace de noche, y cuando ya sea demasiado mayor y deje de dar tanta pena, tendrá que buscarse otro trabajo parecido, porque por desgracia nunca tendrá la oportunidad de irse a otro país y desarrollar uno de esos idiomas que aprendió de pequeño para ganarse la vida, por necesidad.


El siguiente punto de visita después de Angkor Wat si se sigue una trayectoria lógica, es Angor Thom, una ciudad dentro de la ciudad perdida. Es un recinto amurallado de cinco kilómetros cuadrados que en su día fue el corazón de Angkor, donde se encontraban los palacios, tiendas, casas… Hasta hoy solamente han perdurado los templos de piedra y la muralla. Una vez cruzada la muralla aparecen los monos, que por lo visto solamente habitan en esa zona de Angkor. Muchos monos, que a diferencia de los que conocí en la India, no se ponen a pedirte, están solamente esperando a que alguien compre una de las frutas que venden para darles de comer, y así están algunos de ellos de gordos. Fue la primera vez que Pato los veía fuera de un zoo, así que nos quedamos con ellos un buen rato haciéndoles fotos y contemplando lo parecidos que pueden llegar a ser a nosotros. Uno de ellos quiso subírsele a Pato encima y otro nos robó la botella de agua, pero por lo menos conservamos las mochilas y cámaras, que no hubiese sido la primera vez que alguien pierde sus documentos porque se los ha robado un mono.


El único templo dentro de Angkor Thom que visitamos el segundo día fue Bayon, la segunda joya de Angkor. A diferencia de Angkor Wat, Bayon sí me pareció que estuviese a la altura de su prestigio. Treinta y siete torres se agolpan una contra la otra, y la mayoría de ellas tienen esculpidas cuatro enormes caras orientadas a los puntos cardinales que te observan por cualquier rincón del templo. Es una estructura extraña que no sale nada favorecida en las fotos, un color de piedra demasiado grisáceo, y tres niveles por los que pasear dándote codazos con los cientos de turistas que abarrotan sus rincones en las horas punta.


Y aquí se termina una nueva etapa del viaje, porque esa misma tarde llegaba el primo Javi, preparado para un nuevo intento de asentamiento en Nueva Zelanda. Fui a recogerlo en tuk tuk al aeropuerto para que el shock inicial que te pega cuando llegas por primera vez a estos países no lo viviese solo. Y con él venía el cielo enviado por mi madre: jamón, queso, chorizo, lomo… Casi dos años después, puedo volver a hincarle el diente a un trozo de chorizo y de jamón del bueno bueno bueno que rico.

Nos quedaba un día más de pase para Angkor, que lo dedicamos prácticamente al resto de Angkor Thom y volvimos a Ta Prohm para que lo pudiese ver Javi; esta vez fuimos en tuk tuk, y todo se ve con otros ojos, mucha mejor predisposición para subir templos o caminar que después de haber estado pedaleando más de una hora.
¿Qué es lo más bonito y asombroso de los Templos de Angkor? Para mí, el que broten entre la jungla, escondidos a la vista, más que la arquitectura, que sí es cierto y justo reconocer el mérito que tiene la construcción de templos como Angkor Wat, pero me imagino que si lo hubiesen dejado prácticamente tal y como se lo encontraron, sin limpiar la jungla que se lo estaba devorando, simplemente controlándola, sería mucho más impresionante y monumental. Como lo son tantos templos más pequeños, que yo recomendaría visitar por encima de Angkor Wat.


Ahora estamos pensando cual será nuestro próximo paso en Camboya, pero no lo tenemos nada claro. Norte, sur, capital, pueblo, barco, tren… sea como sea, en dos semanas estaré volviendo ya a Nueva Zelanda.

Publicado porNicolás a las 18:10  

9 comentarios:

Anónimo dijo... 30 de abril de 2009 20:12  

me quedo loker con las fotos.... Diossssssssssssssssssssssssssssssssssss!!!!!!!! Y los monetes!!!!!!!!!????????? Me dais una envidia que me muero, cabrones.
Os quiero.
Julia.

chumi dijo... 30 de abril de 2009 22:19  

me alegro que no te quedaras a bucear, nos habríamos perdido los templos de angkor y camboya.... y lo que falta, en dos semanas se pueden hacer muchas cosas,yo voto por laos

y gracias por la narración y las fotos con el tiempo que lleva

sigues sin probar el helado? el café central frente al mercado que por cierto es tan interesante como ir a angkor, no te lo pierdas venden anguilas secas en forma de kraken, veras un laberinto de pollos pescados frutas y hortalizas y bisuteria de princesas y carne de cocodrilo y gente durmiendo siesta en los sitios mas inverosímiles y en posturas imposibles
teneis que probar tmb una "barbicui"kemer, es genial, y que tenga cocodrilo asi lo pruebas,llevate al primo a cenar hoy,pago yo jeje

chumi dijo... 30 de abril de 2009 22:20  

¡ te estás dejando barba de chivo?

Carmen dijo... 30 de abril de 2009 23:26  

Ay nico qué alegría verte sonreir en esos sitios tan bonitos, aunque yo esté explotada de la vida me encanta ver que alguien disfruta tanto!!
Muchos besos niculás, mándame una postal de camboya andaaaaa... porfa...
PD. Cuando significa "grande", se escribe "vasta" (no "basta").

Anónimo dijo... 1 de mayo de 2009 07:03  

vaya pason tio lperiya jaja

ALF dijo... 1 de mayo de 2009 14:11  

NO HE LEIDO LO ULTIMO ESCRITO PERO EN LAS FOTOS TE VEO.............ENORME.

BIEN, BIEN, BIEN CABRON

cova dijo... 2 de mayo de 2009 10:11  

envidia de la malaaaaaaaaaaaa, eres como uno de esos aventureros de novela vieja que el abuelo lee a los niños. todo bonito, bucólico, brutal......ya no se me ocurre nada mas con B.

ah!!! tu nuevo look es un acierto.

muaka

SUPER DIOS (Super Saiyan Level 5) dijo... 2 de mayo de 2009 22:02  

Se echaba de menos una entrada de estas.
PD.- Con la perilla y elpelo así, ya no te pareces a tu hermana.

Rocío VG dijo... 3 de mayo de 2009 08:18  

Argggggg Vaya fotos! Vaya sitios!! Lo que más me gusta es la fusión naturaleza-construcciones,me parece que conserva mucho más la magia.....
Un besazo a los dos!
Rocío.

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